lunes, 24 de marzo de 2025

La fe de las aves

 





            En las últimas prédicas hemos hablado acerca de la fuente de nuestras provisiones. ¿En qué o en quién está basada tu confianza, en Dios o en los recursos materiales? Si, por ejemplo, miras el calendario y ves que faltan todavía 29 días hasta recibir tu siguiente sueldo, ¿qué pensamientos y emociones se apoderan de ti? Este tema de la provisión aparece también muy fuertemente en el pasaje del Sermón del Monte que nos corresponde estudiar hoy.

 

            F Mt 6.25-34

 

            Este pasaje empieza con la frase “por lo tanto…” Ella une el primer versículo de nuestro texto de hoy al pasaje inmediatamente anterior, presentando ahora la conclusión lógica de lo expresado anteriormente. Los versículos anteriores nos advierten de no acumular tesoros en la tierra, ya que no se puede servir a Dios y a las riquezas simultáneamente. Es por eso que no tiene sentido andar preocupándose hasta el punto de perder la paz por cuestiones netamente pasajeras como la comida, la bebida y la vestimenta. Todo este pasaje nos quiere ayudar a poner las cosas en su perspectiva correcta. Hay cosas mucho más importantes que la provisión diaria. Por supuesto que no vamos a ayunar 30 días al mes, y no es tampoco a eso que se refiere este texto. Lo que Jesús nos indica es no convertir a estos asuntos pasajeros en el centro absoluto de la vida. Debemos comer para vivir, pero no vivir para comer. Ni mucho menos sufrir ataques de ansiedad temiendo que mañana podríamos no tener suficiente para comer. De tanto preocuparse por la vida, terminan no viviendo la vida. También necesitamos vestirnos adecuadamente y querer arreglarnos bonito, pero no convertir nuestra pinta en un dios al que sacrificamos todo el dinero disponible y más allá de lo disponible, y estando siempre sin aliento por el último grito de la moda. Mamón quiere llevarnos a una atención desmedida y exagerada a estos asuntos. Hay cosas mucho más importantes que la comida y la ropa. Cuidar nuestra salud, cultivar relaciones positivas con los demás, buscar cómo hacer bien a otros y, por sobre todas las cosas, procurar cumplir la voluntad de Dios son infinitamente más importantes que la comida y la ropa. Hoy puedo comer, y mañana tener hambre otra vez. La ropa que compro hoy, al año ya la tengo que reemplazar por otra. Así que, cosas de tan poca duración no merecen una atención tan exagerada.

            Pero la brevedad de su duración no es el único argumento para eso. Aún más importante es que Dios se ocupa sí o sí de estas cosas básicas. Si él nos ha dado la vida, nos dará también todo lo necesario para mantener esa vida. Es decir, de balde nos llenamos de ansiedad por algo de lo cual Dios se ocupa. Jesús toma dos ejemplos de la naturaleza para ilustrar esto: los pájaros y las flores. Él dice que los pájaros no trabajan afanosamente para producir su alimento. Su Creador es el que se ocupa de esto. Lo que no significa que están inactivos. Todo el día vuelan de un lugar a otro, pero para recoger lo que Dios les ha provisto. Se ocupan de su alimentación, pero no se preocupan. Son dos cosas muy diferentes. Hasta ahora no he visto a ni un pájaro con un ataque de ansiedad por no saber cómo poder conseguir el alimento suficiente para el próximo día. Solo lo hacemos las personas supuestamente más inteligentes que los pájaros. La Biblia no enseña el dejar de trabajar para obtener los recursos necesarios, sino a tener una actitud correcta hacia ellos: el no poner su confianza en los bienes materiales.

            Lo mismo vale también para las flores. Hay flores tan bellas que solo duran unas pocas horas. Algunas solo florecen de noche cuando muy pocos lo pueden apreciar. Al llegar la mañana ya se marchitan y se mueren. Pero, ¡cuánta belleza tienen esas flores! Si el ser humano no puede gozarse de su hermosura por estar durmiendo a esas horas, Dios sí se goza. Es como si hubiera creado esas flores casi exclusivamente para su deleite personal. Si él ha puesto tanto detalle y tanta belleza en una flor que apenas logramos ver, ¿no crees que él pondrá mucha más atención a los detalles de tu vida? Jesús mismo repite varias veces: “¿No valen ustedes mucho más que las aves” (v. 26 – BLA) o las flores? Jesús está señalando que Dios provee las necesidades básicas de las aves y los lirios sin que ellos siembren ni cosechen, ni trabajen o hilen. En otras palabras, su provisión no depende de lo que ellos hagan. Si Dios sabe incluso cuántos cabellos tenemos, cosa que ni nosotros sabemos, ¿qué nos hace creer de que él no sabe del crujir de nuestro estómago? “Ustedes tienen como padre a Dios que está en el cielo, y él sabe lo que ustedes necesitan” (v. 32 – TLA). En el capítulo 10 de este Evangelio dice Jesús: “¿No se venden dos pajarillos por una monedita? Sin embargo, ni uno de ellos cae a tierra sin que el Padre de ustedes lo permita. En cuanto a ustedes mismos, hasta los cabellos de la cabeza él los tiene contados uno por uno. Así que no tengan miedo: ustedes valen más que muchos pajarillos” (Mt 10.29-31 – DHH). Así que, la preocupación por cosas que Dios provee simplemente porque nos ama está totalmente fuera de lugar. Revela una falta de fe en Dios, una atadura al espíritu de Mamón y es una ofensa contra Dios por no confiar en él. Por algo Jesús llama a estas personas “pagano”: “Todas estas cosas son las que preocupan a los paganos…” (v. 32 – DHH). Y también los llama “hombres de poca fe” (v. 30 – RVC). “Además, ¿qué gana uno con preocuparse?; ¿podemos acaso alargar nuestra vida aunque sea una hora” (v. 27 – NBD)? La Traducción en Lenguaje Actual dice: “¿Creen ustedes que por preocuparse vivirán un día más” (TLA)? Es imposible. Pero sí es posible que el exceso de preocupación y ansiedad nos haga vivir un día menos. O un año menos.

            He leído una vez algo parecido a esto: “Si puedes cambiar una situación, ¿para qué te preocupas entonces? Si no puedes cambiar una situación, ¿para qué te preocupas entonces?” La preocupación es algo sin sentido alguno, mirándolo desde cualquier ángulo que quieras. Sin embargo, ¡cuánto nos hemos especializado en este “ministerio”!

            Si la preocupación no cambia absolutamente nada de mi situación, ¿qué es lo que debo hacer entonces? Este pasaje nos enseña a desarrollar lo que Craig Hill llama “la fe de las aves”. Es la confianza de que Dios proveerá para mi necesidad simplemente porque me ama. La fe de las aves tiene en claro quién es la fuente de provisión para mí, y eso me da toda la tranquilidad del mundo porque yo sé que esa fuente jamás se va a agotar. Si Dios decide cambiar de canal, está bien, no hay problema, ya que él seguirá siendo el proveedor. Su suministro seguirá llegando. Como dije, las aves no se preocupan por cómo producir su alimento. Hacen lo que está a su alcance y recogen lo que encuentran. Quizás esté a tu alcance ser fiel en tu empleo; quizás esté a tu alcance abrir una fuente de ingreso adicional en tu casa; quizás esté a tu alcance renunciar a tu trabajo y empezar un emprendimiento propio, si así el Señor te indica, etc. Haz lo que te venga a la mano hacer y hazlo para el Señor, no para tu jefe. Y no pongas tu confianza en ese canal a través del cual te llega la provisión divina, sino pon tu confianza en Dios, quien es la fuente de toda provisión, y sigue sus indicaciones.

            Todo esto puede sonar muy lindo, hasta casi romántico, pero, ¿cómo se vive esto en la práctica? De los muchos ejemplos de esto que hay en la Biblia quiero mencionar uno —o, mejor dicho, dos ejemplos en uno— que lo ilustra magníficamente. Es el ejemplo del profeta Elías. Pueden buscarlo ya en 1 Reyes 17. En ese tiempo reinó Acab con su esposa Isabel, quienes hasta hoy en día son un símbolo de paganismo, idolatría, pecado y todo tipo de antivalores. Por el pecado de ellos, Elías tuvo que anunciarles el castigo de Dios: “¡Juro por el Señor, Dios de Israel, a quien sirvo, que en estos años no lloverá, ni caerá rocío hasta que yo lo diga” (1 R 17.1 – DHH)! Lanzar semejante amenaza contra un rey ponía en peligro inmediato la vida del profeta. Pero Dios no envía a sus siervos para luego dejarlos colgado. Leemos a partir del versículo 2: “…la palabra del Señor vino a Elías y le dijo: «Sal de este lugar y vete al oriente; escóndete allí, cerca del arroyo de Querit, frente al río Jordán. Saciarás tu sed en el arroyo, y ya he mandado a los cuervos que te lleven de comer.» Elías fue obediente a la palabra del Señor, y se fue a vivir cerca del arroyo de Querit, frente al río Jordán. Los cuervos llegaban por la mañana y por la tarde, y le llevaban pan y carne, y él bebía agua del arroyo” (1 R 17.2-5 – RVC). ¿Qué hubieran hecho ustedes en el lugar de Elías? ¿Qué garantía tenía él de que no se estaba lanzando a una misión suicida? Nos parece que no tenía ninguna garantía. Sin embargo, tenía la garantía más absoluta de la palabra de Dios. Si Dios lo promete, no hay quién pueda oponerse, ni siquiera todo el ejército de demonios. Pero Elías no podía ver tres semanas por adelantado en el futuro para saber cómo sería en detalle su vida en el arroyo Querit y si efectivamente no se moriría de hambre. Tuvo que desarrollar la fe de las aves y confiar plena y absolutamente en esa palabra dicha por Dios. Actuó de la misma forma que siglos antes su antepasado Abraham cuando Dios le dijo: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré” (Gn 12.1 – RV60). Abraham no tenía mapa, no tenía GPS, no sabía ni siquiera cuál sería esa tierra… solo tenía la orden clara de Dios, y confiando en que Dios cumpliría su promesa de mostrarle el camino y mostrarle el destino final, él se fue. Y esa obediencia le valió la descripción de “padre de la fe”. Cuando Jesús envió a los 72 discípulos a predicar el Evangelio en toda la región, les dio la siguiente instrucción: “No lleven dinero, ni mochila ni zapatos…” (Lc 10.4 – TLA). “Pero Señor, ¿y mi viático? No puedo avanzar sin mi cocido y chipa de María Ana…” “No anden de casa en casa. Quédense con una sola familia, y coman y beban lo que allí les den, porque el trabajador merece que le paguen” (Lc 10.7 – TLA). Y a regañadientes se escucha: “Si es que siquiera habrá una familia que nos dé de comer y beber…” Necesitaban la fe de las aves para confiar que el Señor proveería para ellos mientras cumplían el encargo de él. Fueron porque Jesús les dio esa orden. De la misma forma, tanto Elías como Abraham no actuaron por ocurrencia propia, sino obedientemente respondieron a lo que era una clara indicación de Dios. Elías no estaba aburriéndose en su hamaca cuando se le ocurrió la brillante idea de abrir una IEB en Camboriú, Cancún o en las Bahamas, exigiéndole después a Dios que provea todo lo necesario para eso. El camino que Dios le guió no tenía ningún parecido a las Bahamas.

            La fe de las aves confía en la provisión de Dios. Pero provisión no siempre significa dinero. En nuestro texto del Sermón del Monte Jesús había mencionado a comida, bebida y ropa. Puede proveernos dinero para comprar comida o ropa; puede proveernos la habilidad de producirlo nosotros mismos o él nos la puede proveer directamente. Él elegirá el modo en cada caso y situación, pero de que no nos faltará lo esencial para vivir, eso sí. Elías tampoco recibió dinero, sino comida. Pero él no tuvo una carta con el menú para poder elegir. Tuvo que tomar lo que le llegaba y estar agradecido por su provisión. Y los cuervos no suelen recorrer buscando parrillas de donde sacar un pedazo para Elías. ¿Cuál es la provisión de Dios de alimento para los cuervos? Ese era el menú también para Elías. El pueblo de Israel tampoco tuvo menú en el desierto sino maná. Y eso día tras día, año tras año, década tras década durante los 40 años que dieron vueltas por el desierto. Es decir, si eres obediente al llamado de Dios, no siempre significa lujo y comodidad. Muchas veces todo lo contrario. Pero la fe de las aves te enseña a que nunca te faltará lo esencial para la vida.

            Con el tiempo, Elías se acostumbró a esta situación y experimentó en carne propia de que Dios efectivamente proveyó tal como él había prometido. Pero entonces al Señor le pareció buena idea afianzar en Elías esa fe de las aves y —¡oh sorpresa!— “…después de un tiempo, el arroyo se secó, porque no llovía en ningún lugar de la tierra” (1 R 17.7 – NBV). Dios le quería enseñar que él sigue siendo la fuente por más que cambie el canal. Fue en ese momento que Dios le dio una nueva orden: “Deja este lugar y vete a vivir por algún tiempo en Sarepta de Sidón…” (1 R 17.9 – RVC). “No na, Señor, ¿por qué Sarepta? ¿Acaso no me podías agregar no más un tercer cuervo que me traiga una botella de agua cada vez que vienen? Son 170 km línea recta. Si me mandas un jet privado… bueno, podemos negociar. Pero caminar, ¡no!” Es muy posible que nosotros hubiéramos reaccionado así. Ya les digo que los caminos del Señor puede que no sean viajes de placer. Pero, ¡qué placer da viajar en los caminos del Señor! No hay mayor satisfacción y deleite que la certeza de estar en la voluntad de Dios. Elías tenía toda la libertad de rehusar ir a Sarepta. Pero la cosa era que su canal de provisión de ahora en adelante estaba allá, no más en Querit. ¿Y si se quedaba en Querit?

            Pero las “desgracias” para Elías no terminaron todavía. Como dice el título de un libro famoso: “Cuando lo que Dios hace no tiene sentido”, Dios le sigue diciendo: “Ya he dispuesto que una viuda que allí vive te dé de comer” (1 R 17.9 – RVC). ¡¿Una viuda?! Solían ser las personas más vulnerables y necesitadas de la sociedad. Bueno, seguramente era la viuda de un magnate petrolero, pero el asunto no le dejó a Elías sin preocupación mientras realizaba la difícil travesía hasta Sarepta. Y sus peores pronósticos ni se acercaron siquiera a la realidad que encontró: “Al llegar a la entrada de la ciudad, vio a una viuda que estaba recogiendo leña. La llamó y le dijo: —Por favor, tráeme en un vaso un poco de agua para beber. Ya iba ella a traérselo, cuando Elías la volvió a llamar y le dijo: —Por favor, tráeme también un pedazo de pan. Ella le contestó: —Te juro por el Señor tu Dios que no tengo nada de pan cocido. No tengo más que un puñado de harina en una tinaja y un poco de aceite en una jarra, y ahora estaba recogiendo un poco de leña para ir a cocinarlo para mi hijo y para mí. Comeremos, y después nos moriremos de hambre. (1 R 17.10-12 – DHH). ¡Socorro! Peor imposible. No solamente era una viuda ultra pobre y necesitada, sino encima moribunda. ¿Y ella debía ser el canal para su provisión? Con toda seguridad él se había equivocado de viuda. Pero al parecer Elías ya había llegado a conocer a su Dios. Al parecer no solo había desarrollado la fe de las aves sino hasta pudo identificar la falta de esa fe en otros. Por eso le da una indicación sorprendente a la viuda: “Ve a preparar lo que has dicho. Pero primero, con la harina que tienes, hazme una torta pequeña y tráemela, y haz después otras para ti y para tu hijo. Porque el Señor, Dios de Israel, ha dicho que no se acabará la harina de la tinaja ni el aceite de la jarra hasta el día en que el Señor haga llover sobre la tierra” (1 R 17.13-14 – DHH). La confianza de la viuda estaba en sus recursos materiales, esa poca harina y aceite que le sobró. Al acabarse estos recursos, se acabó también su esperanza de vida. ¿No nos parecemos demasiado a ella? Por eso, Elías procuró que la concentración de ella en sus recursos acabados se redireccione al Dueño de todo el oro y la plata del mundo (Hag 2.8). ¿Confiaría ella en la palabra del Señor? Elías no actuó de forma egoísta al pedirle que primero lo atienda a él, sino era la única manera de que ella pueda desarrollar la fe de las aves, aunque casi a la fuerza. Elías no buscó la comida de la viuda sino la fe de ella. Y para la viuda empezó una guerra espiritual: Mamón contra Dios. ¿Se rendiría ante Mamón al fijarse en sus recursos agotados o se rendiría ante Dios y la confianza en su provisión? Esta puede ser una lucha tremendamente dura.

            Una de las críticas más fuertes de la sociedad hacia las iglesias evangélicas es la enseñanza acerca del diezmo y las ofrendas. Pero seguiremos enseñando acerca de este tema, primero, porque es una enseñanza de la Biblia y si queremos ser una iglesia bíblica, necesariamente tenemos que enseñar y practicar todo lo que enseña la Biblia. Por supuesto que ese enseñar y practicar es un proceso en desarrollo que dura toda la vida. Y segundo, necesitamos enseñarlo para que los hijos de Dios puedan desarrollar la fe de las aves. ¿Confiarán en la palabra del Señor de que él proveerá para ellos con lo que queda de su sueldo después de dar el diezmo? En el Antiguo Testamento, el diezmo era ley y tenía que darse al Señor y Dueño del diezmo. El Nuevo Testamento no enseña nada nuevo sobre el diezmo porque ya era una práctica común para los judíos, como podemos ver en varios pasajes. Pero el Nuevo Testamento muestra que en realidad el 100% de nuestros bienes le pertenecen al Señor, quien tiene la libertad de disponer de todo lo que él nos ha prestado para que lo administremos. El diezmo ya no es ley, sino llega a ser ahora el límite inferior. Es como el medidor de aceite de un motor. Cuando el aceite baja por debajo del límite inferior, se prende una alarma en el tablero. Y si no le hacemos caso, corremos el riesgo de fundir completamente el motor de nuestro auto. ¡Y cuántos hijos de Dios hay cuyo motor espiritual está en estas condiciones! Muchos dicen que no les sobra para el diezmo. Más bien digo que el no dar su diezmo es la causa de que no les sobra. La relación con Dios nunca es un negocio, sino únicamente fe. Él dice en nuestro texto de Mateo que primero debemos buscar el reino de Dios, por fe, y que luego experimentaremos que él se encarga de nuestra provisión (v. 33). Si le decimos: “Dame primero tu provisión para que así te dé tu diezmo.”, ya no es fe, sino reacción a lo que ya podemos ver. Y la fe es la confianza en lo que no podemos ver. Además, con esta actitud, el dinero del diezmo sería según el sistema de este mundo de comprar y vender. Dios me da mi provisión, y yo le doy a cambio mi diezmo. Yo compro la provisión que Dios me vende. Pero Dios contesta: “Dame primero tu diezmo, introduce la gracia al convertirlo al sistema divino de dar y recibir, y así expresarás tu fe de las aves que confía que yo te voy a sostener en todo lo que necesites. Y vas a ver que abro las ventanas del cielo y hago llover sobre ti bendición hasta que sobreabunda.” La fe es la que mueve la mano de Dios. Necesitamos fe para obtener el perdón de pecados; necesitamos fe para ser sanados y necesitamos fe para experimentar la provisión de Dios. Siempre la fe va primero. A las personas que fueron sanadas por Jesús, él solía decir: “tu fe te ha sanado” (Mc 5.34 – NBLA). El sentido del versículo 33 de Mateo 6 podríamos expresar así: “Por tu fe has recibido tu provisión.” De esta manera, apartar el diezmo como respuesta de amor al Señor y expresión de nuestra fe de las aves debe ser lo primero que hagas al recibir tu sueldo. A mí no me interesa el dinero que das, sino busco que experimentes al Señor en forma sobrenatural al abrirte a él en fe. A la iglesia no le interesa tu dinero. Nadie, excepto quizás el tesorero, sabe si das o no das, y nadie va a averiguar esto. A la iglesia le interesa que crezcas y madures en tu relación con el Señor. Es cierto, la iglesia tiene sus gastos que deben ser cubiertos por los aportes de los que solemos congregarnos aquí. Los vecinos no van a venir a cortar nuestro pasto, a instalarnos un cielorraso, a pagar nuestra cuenta de luz o a reparar los desgastes del edificio. Lo tenemos que hacer nosotros, y sí o sí se generan gastos. Pero el más bendecido será la persona que da, porque “hay más bendición en dar que en recibir” (Hch 20.35 – NTV), dice la Biblia. Esta viuda de Sarepta venció la guerra espiritual, desarrollando la fe de las aves: “…fue e hizo lo que Elías le había ordenado. Y ella y su hijo y Elías tuvieron comida para muchos días. No se acabó la harina de la tinaja ni el aceite de la jarra, tal como el Señor lo había dicho por medio de Elías” (1 R 17.15-16 – DHH). Ruego al Señor que todos nosotros podamos desarrollar también esa fe. Es muchísimo más fácil hablar acerca de la fe de las aves que vivirla. Pero si tenemos el firme propósito de alabar a Dios por medio de nuestra fe, él nos ayudará a vencer esa cruenta guerra espiritual en la que nos encontramos contra el espíritu de Mamón. ¿Entienden ahora por qué dije en la primera prédica de esta serie que esta era la base espiritual/teológica del manejo de las finanzas, sin la cual toda otra herramienta para administrar sus bienes no tendría mucho efecto? Porque, ¿qué sirve saber cómo invertir, cómo ahorrar, cómo manejar las deudas, etc. si nuestro corazón está encadenado por el espíritu de Mamón? Quizás haríamos lo correcto pero sin la motivación correcta. Nuestro corazón seguiría estando atado por el afán por los bienes materiales en vez de estar rendido en confianza a Dios. Dios quiere transformar nuestras vidas como respuesta a la fe de las aves que él quiere que se desarrolle en nosotros. “…sin fe es imposible agradar a Dios. Todo el que desee acercarse a Dios debe creer que él existe y que él recompensa a los que lo buscan con sinceridad” (He 11.6 – NTV).


El espíritu de Mamón 2

 




            ¿Qué es lo que más recuerdan de la prédica del domingo pasado? ¿Qué les tocó de manera especial? Debo decir que esta semana me tocó rendir examen también de lo que dije el domingo pasado. Es como si alguien dijere: “Ah, ¿en serio? Y… vamos a ver qué tan convencido estás de lo que enseñas aquí tan soberanamente. A ver si te crees a ti mismo.” Así que, vinieron esta semana unos cuantos golpes en lo económico, y la verdad que, si yo hubiese sido el evaluador de mi rendimiento en el examen, no sé si me hubiera hecho pasar. Es muy difícil que situaciones así no nos afecten emocionalmente porque, por más que seamos ciudadanos de otro reino, vivimos en este mundo que se maneja con dinero. Pero bueno, estas son justamente las oportunidades de aprender en la práctica lo que estamos hablando en esta miniserie dentro del Sermón del Monte acerca de la actitud correcta hacia los bienes materiales.

            El versículo central de estas tres primeras prédicas acerca de este tema está en varias partes, como por ejemplo en Mateo 6.24: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y querrá al otro, o será fiel a uno y despreciará al otro. No se puede servir a Dios y a las riquezas” (DHH). El domingo pasado explicamos quién es el espíritu demoníaco Mamón que opera a través de las finanzas y cuál es su objetivo: atrapar nuestro corazón en un amor inapropiado hacia el dinero, alejándonos de esa manera de Dios y de su voluntad para nosotros. Hoy queremos ver 10 síntomas que de repente podemos identificar en nosotros y que nos alertan de estar directamente expuestos a los intentos de Mamón de esclavizarnos a través de los bienes materiales.

 

            1. Preocupación y ansiedad por el dinero.

            El domingo pasado dije que Mamón produce miedo en sus víctimas, y esto vamos a ver en casi todos los puntos. Muchas personas tienen mucha ansiedad y temor acerca del dinero. Los ricos temen perder el dinero que tienen acumulado, y los pobres temen no tener suficiente dinero. En ambos casos, el temor, la preocupación y la ansiedad dominan las emociones de las personas.

            En mí caso, ese temor se manifestó no tanto por perder o no tener suficiente, sino en un temor de hablar con mi esposa acerca de nuestras finanzas, porque este asunto frecuentemente se convertía en un motivo de fuertes discusiones. De esta manera, el tema “dinero” se volvió casi un tabú entre nosotros. En consecuencia, no pudimos proceder en común acuerdo, no pudimos buscar juntos la voluntad de Dios para nuestras finanzas y no pudimos acceder a la libertad que Dios desea para sus hijos.

            Saber que estoy en manos de Dios y que él proveerá para mí simplemente porque me ama, me libera del enfoque en el dinero como fuente de provisión y, en consecuencia, de la ansiedad y preocupación acerca de él. ¿Acaso han visto alguna vez a un niño lleno de una ansiedad impresionante por miedo a que sus padres podrían no proveer para él? Puede que haya casos extremos en que esto sucede, pero no es lo normal. El niño jamás se preocupa por eso. Ni se le ocurre siquiera. Confía plenamente en que sus padres harán todo lo posible para cubrir sus necesidades. ¿Por qué nosotros entonces nos llenamos de ansiedad por la provisión para nuestras necesidades? ¿Acaso no es Dios infinitamente más grande, poderoso y amoroso que los mejores padres del mundo? Jesús dijo un poco más adelante en este Sermón del Monte: “…si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a quienes se las pidan” (Mt 7.11 – DHH). Él quiere que confiemos en él y que estemos libres de todo temor. Esta libertad de la ansiedad en temas del dinero se manifestará a través de tres actitudes interiores:

            A. Lo que tengo lo he recibido como regalo de Dios. Yo soy meramente un mayordomo de aquello que Dios me ha confiado. Mis necesidades son satisfechas por Dios y no por mis esfuerzos. No tengo necesidad de preocuparme por dinero porque todo lo que tengo es un regalo de mi Padre Celestial que me ama. Esto libera mi corazón de temor y ansiedad.

            B. Mis posesiones son cuidadas por Dios. Cuando reconozco que todo lo que tengo es un regalo de Dios, entonces puedo dejarlo a su cargo, porque yo soy simplemente un administrador de sus recursos. Entonces, si algo me es robado o se estropea (como el aire de mi auto esta semana), yo puedo saber que, si Dios quiere que siga teniendo este artículo, él puede reemplazarlo. Así puedo estar libre de la ansiedad que provoca el retener y el cuidar las posesiones. Por supuesto, como administrador se requiere de mí cuidar las posesiones de Dios lo mejor posible, pero no tengo que perder la paz cuando algo se rompe o se pierde – cosa que no se cumplió en mí esta semana. Como alguien dijo: “Mirá, Señor, le chocaron a tu auto. ¿Qué piensas hacer al respecto?”

            C. Las posesiones a mi cargo están disponibles para ser usadas por otros. Debido a que nada es mío y yo soy solamente un administrador de los recursos de Dios, yo puedo hacer que las posesiones o recursos estén disponibles para otros de acuerdo a la dirección del Señor.

            ¿Se caracteriza tu vida por una frecuente o, incluso, constante preocupación acerca del dinero? ¡Cuidado! El espíritu de Mamón quiere apoderarse de ti, de tus emociones y de tus decisiones. Renuncia a su poder sobre ti y enfócate en Dios y en su voluntad. Del resto se encargará él.

 

            2. Mala administración del dinero: “Yo no sé a dónde se fue…”

            Muchos cristianos no tienen un sistema para mantener un registro de sus finanzas personales. Como resultado de esto, no tienen responsabilidad financiera en sus vidas. Tampoco saben cuánto dinero necesitan mensualmente de provisión. Craig Hill utiliza a menudo la siguiente analogía: Suponte que eres el administrador de un fondo de multi-trillones de dólares cuyo propósito es proveer a personas cristianas para que usen estos fondos para extender el Reino de Dios. Ahora se presentan dos familias cristianas ante ti y solicitan parte de estos fondos. La primera familia presenta un historial de cómo ha utilizado la entrega anterior y un presupuesto para el uso de los fondos que ahora solicita.

            La segunda familia llega sin historia de uso pasado de fondos y ningún presupuesto para el futuro. Cuando le preguntas al esposo cuánto dinero él necesita, él responde: “Y… unos cuantos miles de dólares”. Y le preguntas cuántos miles exactamente. “Y…, no sé. Quizá siete mil” responde. “¿Para qué usará usted el dinero?”, le preguntas. “Para pagar mis cuentas.” “¿A cuánto ascienden sus cuentas cada mes?”, preguntas. “No lo sé con exactitud”, responde.

            Ustedes como administradores de este fondo, ¿a cuál de las dos familias le darían el dinero solicitado? A la primera familia, ¿verdad? Porque la segunda ni sabe en qué planeta está. Te hago otra pregunta: Siendo tú el administrador y sabiéndote responsable ante el dueño del fondo, si tu propia familia se presentara ante ti solicitando dinero de este fondo, ¿invertirías en ella? ¿Crees tú que Dios lo haría?

            Dios tiene en realidad un fondo de multi trillones de dólares y que incluso en este mismo momento está aceptando solicitudes. Sin embargo, tú necesitas preparar tu sistema de registro financiero para que puedas saber cuánto dinero solicitar y poder rendir cuentas al administrador del fondo acerca del uso de este dinero. No tener registros y planes financieros es señal de una mala administración de dinero.

            Si te pareces a la segunda familia, puedes vencer a Mamón, primero, arrepintiéndote por tu irresponsabilidad con los fondos ajenos, y segundo, elaborando un presupuesto de gastos y un control diario de los gastos familiares. Esto parece algo sumamente tedioso, pero es necesario. Después ya se vuelve una rutina. De otro modo, ¿qué le responderías a Dios, el dueño del dinero que está en tus manos, si te pidiera un informe de cómo has usado su dinero durante el mes de febrero? Un mayordomo siempre tiene que rendir cuentas al dueño. Si no lo hace, o con muchos vacíos en su informe, el dueño supondrá malversación de fondos y despedirá al mayordomo. Tu control de gastos no tiene que ser algo demasiado sofisticado, pero buscate un sistema que funcione para ti y que te permita tener un panorama sobre tu manejo mensual de dinero.

 

            3. Necesidad financiera constante. “Yo nunca tengo suficiente dinero.” Demasiado mes sobra al final del sueldo.

            Cuando no me considero un administrador de fondos, responsable ante Dios, no mantendré registros ni tendré presupuesto. Entonces se instalará en mí la maña de gastar aquí y allá, según lo que aparezca ante mis ojos. Y mes tras mes mis gastos serán más que mis ingresos.

            Si una familia gasta constantemente el 120% de los recursos financieros disponibles, sentirá en todo tiempo como que hay un remolino en su billetera que en un abrir y cerrar de ojos estira todo el dinero hacia el fondo. Y no necesitamos ser profetas para decir que muy pronto esta familia estará tan hundida en las deudas que se desesperará porque no verá más salida del pozo. Muchas personas creen la mentira de que, si solamente pudieran ganar un poco más de dinero, sus problemas financieros estarían resueltos. En realidad, el problema no está en la cantidad que tienen, sino en la forma en que lo gastan. Cuanto más dinero dispongas por mes, más gastarás si no tienes un presupuesto, porque “…el que no es fiel en lo poco, tampoco lo será en lo mucho” (Lc 16.10 – BLPH). Además, si Dios es el dueño de todo y mira cómo estás derrochando su dinero sin control alguno, ¿crees que él pondrá mayor cantidad de su dinero bajo tu administración?

            Lastimosamente el bicicleteo que presta aquí para cubrir una deuda allá —que cava un pozo para llenar otro— casi ya llegó a ser una característica cultural. Tantas personas me han confesado estar en ese espiral hacia el fondo. Es hora que, como hijo de Dios, rompas esa maldición y asumas responsabilidad por tu malversación de los fondos de tu Padre.

            ¿Eres víctima del espíritu de Mamón? Hazte esclavo del Espíritu Santo y déjate guiar hacia una sabia administración del dinero ajeno.

 

            4. El miedo de no poder afrontar los gastos futuros.

            Si el espíritu de Mamón me ha convencido de que el dinero es el factor principal en mi vida, entonces voy a estar lleno de miedo por perder ese dinero, y voy a estar sumergido en la ansiedad por miedo a no poder cubrir los gastos del futuro. Esto puede sonar a una administración responsable, pero esta mentalidad me hace estar enfocado en el dinero en lugar de en Dios. No es lo mismo controlar los gastos y postergar una determinada compra porque ya no entra en el presupuesto del mes que vivir con el pánico provocado por Mamón por mi solvencia en el futuro. Como resultado de ese pánico me convertiré en un amarrete que no suelta ni un centavo sin escuchar primero un escándalo de parte de su familia. ¡Cuántas esposas nos han contado el calvario que deben recorrer para conseguir de su esposo un 10.000 para sus gastos legítimos!

            Como buenos administradores debemos preguntarnos a nosotros mismos: ¿Cuánto es suficiente? El espíritu de Mamón no quiere que respondamos esta pregunta porque nos quiere mantener esclavos del miedo y de la necesidad. Pero Dios quiere trabajar con nosotros para responder esta cuestión.

            El profeta Amos hace la pregunta: “¿Pueden dos caminar juntos sin antes ponerse de acuerdo” (Am 3.3 – BAD)? Seguro que todos queremos que el Señor camine con nosotros en el área de las finanzas. Ahora bien, cuando buscamos al Señor en cuanto a lo que debe estar incluido en nuestro presupuesto y lo obedecemos, la mentalidad de “no puedo afrontarlo” deja de ser pertinente.

 

            5. Compras por impulso. Inhabilidad de resistir el deseo de comprar.

            Muchas personas compran todo tipo de cosas que no necesitan simplemente porque está “barato”. Mientras recorres el Centro Comercial (Craig Hill: “un templo para Mamón”), el espíritu de Mamón te llama desde todo tipo de cosas: “¡Comprame! ¡Comprame! Soy barato. Nunca tendrás otra oportunidad como esta.” Ceder ante estas sus invitaciones es un patrón establecido en las vidas de muchas personas que no han aprendido a ser administradores de los recursos bajo la dirección del Espíritu Santo.

            La solución es ir al súper con una lista de compras y limitarnos a cargar en el carrito únicamente lo que está anotado en nuestra lista, y ni bien todo está en el carrito, dar media vuelta, pasar por caja y desaparecer del mapa. Cuanto más tiempo pasearás por el súper, más cosas encontrarás que atrapan tu atención y ambición, y tu carrito no alcanzará para llevar todo lo que después no sabrás por qué lo compraste. Planificación y consulta previa al Señor, enfocarse en Dios y no en el dinero.

 

            6. Tacañería.

            Esto se ejemplifica por el temor a diezmar. El temor a diezmar o dar es siempre un síntoma de la influencia del espíritu de Mamón. La tacañería es simplemente un temor de no tener suficiente dinero para satisfacer mis propias necesidades; es dudar de la provisión de Dios; es no creerle a Dios cuando nos promete encargarse de nuestras cosas cuando primeramente buscamos las de él. Este temor genera una desesperación por aferrarse al dinero, tenga mucho o tenga poco. Algunas personas, aunque manejan una gran cantidad de recursos financieros, pagan sus cuentas tarde y no diezman debido a la fortaleza de la tacañería que existe en sus mentes. Tanto para el rico como para el pobre, la tacañería es un síntoma de esclavitud al espíritu de Mamón.

            La solución, como en todos los puntos, es el arrepentimiento y aprender los principios bíblicos para la administración del dinero. Si un día llega un hermano en tu casa y te explica que tiene una situación complicada que requiere de su atención y te pide que guardes 2.700.000 Gs, porque no lo puede dejar en su casa por a) o b) motivo. Por supuesto, para ayudar a este hermano en su problema agarras el dinero y lo guardas bien en un lugar seguro. Una semana después viene este hermano otra vez y te comenta de su proceso para solucionar la situación a la que se enfrenta y te pide que de su dinero que guardaste le entregues 270.000 Gs para los gastos que está teniendo. ¿Tendrías problemas con dárselo? ¡Por supuesto que no! Si es dinero de él. Puede disponer de todo lo que te ha entregado. ¿Por qué entonces nos cuesta darle al Señor 270.000 Gs que él está solicitando de los 2.700.000 del sueldo mínimo que nos confió de su dinero? Nuestra tacañería viene de considerar el sueldo como nuestro dinero. Soltar de lo nuestro un 270.000 para la ofrenda o para bendecir a otra persona nos cuesta tremendamente. Pero si es dinero del Señor, como en verdad lo es, no nos costará nada. Debido a que mi provisión personal está asegurada por su amor, ésta ya no está en peligro cuando él me pide que dirija parte los recursos para un propósito particular de su Reino.

 

            7. Avaricia.

            Esto es un deseo no ordinario de adquirir o poseer. La codicia es desear algo que no tienes mientras que la avaricia es desear más de lo que ya tienes. En Lucas 12 Jesús nos cuenta la historia de un hombre rico que estaba continuamente construyendo depósitos para almacenar más bienes y cosechas. Al final Dios lo llamó tonto y le dijo que su confianza en sus posesiones le costaría su alma. Hay millonarios que, si les preguntas cuánto es suficiente, responden: “Solo un poquito más”.

            El sistema del mundo está diseñado para crear necesidad. La publicidad es su instrumento por excelencia para fomentar y aumentar nuestra codicia. Cuando llevé la materia “Publicidad” en la universidad, alguien de los compañeros mencionó que la publicidad inventa necesidades que antes no tuvimos. La docente casi se enoja por este comentario (claro, era dueña de una agencia publicitaria). Pero la verdad es que la publicidad es hoy casi una ciencia aparte, cada vez más refinada y sofisticada, y cada vez más descarada e inescrupulosa. Solo puedo decir que desde que no tengo tele estoy viviendo en un nivel de salud emocional mucho mejor. No es solo por la publicidad, sino también por el contenido de los programas.

            En comunicación con Dios debes establecer con absoluta sinceridad cuáles son necesidades y cuáles son deseos. Las necesidades deben ser cubiertas para no afectarnos negativamente en nuestras funciones básicas. Los deseos se refieren a algo lindo que nos podría favorecer en algo, pero que no es esencial para la vida. Teniéndolo o no, no me voy a enfermar o estar gravemente afectado. Si alguna vez me llega más dinero de lo que he establecido como “suficiente” para mí, puedo cumplir también algún deseo, si el Señor me da paz en cuanto a hacerlo.

 

            8. Descontento.

            Pablo escribe a los filipenses: “…he aprendido a contentarme con lo que tengo. Sé lo que es vivir en la pobreza, y también lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a hacer frente a cualquier situación, lo mismo a estar satisfecho que a tener hambre, a tener de sobra que a no tener nada. A todo puedo hacerle frente, gracias a Cristo que me fortalece” (Flp 4.11-13 – DHH). Algunas personas creen poder identificarse con Pablo porque dicen saber lo que es estar en necesidad. Sin embargo, la clave en estos versículos no es la necesidad de Pablo, sino que él sabía cómo vivir en cada situación, sea que tenga mucho o que tenga poco. Esto es algo que muchos no saben. El saber cómo vivir con poco o mucho significa no ser controlado por el espíritu de Mamón. La clave es buscar a Dios y saber que Él es tu fuente en cada situación y nunca permitirnos estar descontentos por las circunstancias.

            Proverbios 30.7-9 dice lo siguiente: “Sólo te pido dos cosas, no me las niegues antes de que muera: Aleja de mí la mentira y la falsedad, no me des pobreza ni riqueza; dame sólo el pan de cada día. Porque si tengo más de lo necesario, puedo llegar a creer que no te necesito; y si soy pobre, puedo llegar a robar y desacreditar así el nombre de mi Dios” (PDT).

            En tu estado financiero actual, ¿en qué te enfocas, en Dios o en el dinero? Aprende a confiar en Dios y estar tranquilo independientemente de tu estado financiero, sabiendo que él velará por cada una de tus circunstancias y necesidades.

 

            9. Esclavitud a las deudas.

            Hay un espíritu detrás de las deudas personales que se asocia con Mamón y obstaculiza el flujo de recursos financieros hacia las vidas. Es decir, las deudas impiden que recibas más dinero. Claro, como ya dijimos, que Dios no confiará su dinero en manos de alguien que no sepa administrarlo. La deuda es uno de los mecanismos principales utilizado por el espíritu de Mamón para mantener a la gente en esclavitud. Y en nuestro contexto, el comprar a cuotas cualquier cosa es la forma más frecuente de endeudarse. La gente que está en esclavitud al espíritu de Mamón a menudo no es capaz de disciplinarse a sí misma para postergar la gratificación personal de la compra de algún artículo deseado. “Lo quiero, y lo quiero ¡ahora!” El consumo no planeado es siempre un fuerte indicativo del señorío del espíritu de Mamón en la vida de la persona.

            Si tienes claridad sobre qué es una necesidad y qué es un deseo, y si aprendiste a manejarte según un presupuesto, el saber postergar una gratificación, es decir, esperar con comprar algo que tanto deseas hasta haber ahorrado el dinero suficiente, vas a poder vivir sin incurrir en eternas compras a cuotas y meterte en deudas. Huye de las deudas como de la peste – y también de la compra a cuotas. Es mala administración pagar el triple por un artículo por comprarlo a cuotas en vez de ahorrar hasta tener suficiente para comprarlo al contado.

            Hay deudas legítimas, como una inversión en algo que luego me va a dar mayores ingresos, o préstamos para comprar una casa, por ejemplo. Son deudas legítimas si no superan cierto límite de pago mensual para no entrar en riesgo de pago. Pero un préstamo para comprar un auto (a no ser que este auto lo use como taxi, es decir, como mi herramienta de trabajo); un préstamo para ir de vacaciones o para comprar el celular de último modelo son deudas que la Biblia no aprueba. Pablo escribe a los romanos: “No tengan deudas con nadie, excepto la deuda de amarse unos a otros…” (Ro 13.8 – PDT).

            Alguien me preguntó si acaso yo no tenía deudas. Sí, tengo una deuda con mi cooperativa por un préstamo que saqué para comprar nuestra casa en Costa Azul. El 30 de septiembre pago la última cuota. Es la única deuda que tengo y que he tenido en mi vida, hasta donde me acuerdo. Si tienes deudas, haz un plan de pagos, reunite con tus acreedores y presentales tu plan. Quizás lo que les ofrezcas pagar sea menos de lo que han pactado al inicio, pero la mayoría reacciona positivamente cuando ve una actitud de compromiso de parte de la persona que busca cómo cumplir con su compromiso de pago. Empieza por la deuda más pequeña, porque al pagarla toda, tendrás una sensación de victoria y un impulso para atacar a la siguiente. Pero por favor, tómalo muy en serio el tema de las deudas y busca liberarte de ellas lo antes posible.

 

            10. Énfasis exagerado en el dinero y sobreestimación de su verdadero poder.

            A menudo uno puede darse cuenta de este énfasis en el lenguaje que usa la gente. Cuando escuchas hablar a algunas personas, la mayoría de los temas que tocan está de algún modo relacionado con el dinero. Se impresionan ante las personas que tienen mucho dinero, o sienten envidia por lo que los otros tienen, y están constantemente hablando acerca de la forma de poder llegar a obtener más dinero. Hay un énfasis fuerte y continuo en sus conversaciones acerca de la búsqueda del dinero.

            Al dinero se le da un lugar prominente en la vida de esta persona, y cree que el verdadero poder en la vida radica en el dinero. El espíritu de Mamón incluso puede sonar muy espiritual. Esto sucede cuando los cristianos dicen: “Si yo tuviera un poquito más de dinero, podría hacer tanto más para Dios”. Y Jesús contesta: “…el que no es fiel en lo poco, tampoco lo será en lo mucho” (Lc 16.10 – BLPH). Incluso empiezan a negociar con Dios: “Si tú me das tal auto, todos los domingos voy a recoger a los hermanos para llevarlos a la iglesia.” ¿Ustedes creen que Dios se dejará chantajear tan fácilmente? Se nota a leguas que su enfoque no está en el recoger a los hermanos, sino solo en el tener lo que tanto desea. Y los autores de este libro tienen una frase muy dura: “Si el dinero es el factor determinante para que hagas algo, entonces tú estás a la venta. Si tú estás a la venta, el diablo averiguará tu precio.”

            Habíamos determinado la vez pasada que el dinero pertenece al sistema de este mundo. El principio operativo básico en este sistema es el de comprar y vender. Para eso se creó el dinero para que sirva para un intercambio comercial, un canje: una parte provee un producto o servicio, y la otra parte responde con la entrega de dinero. Pero, en la economía de Dios el principio operativo básico es el de dar y recibir. El dar es una manifestación unilateral de gracia. Cuando tú das, no esperas nada a cambio. No hay canje de nada. Tú das, y punto. Entonces cuando yo tomo el dinero, diseñado para comprar y vender, y lo utilizo para dar libremente sin esperar nada a cambio, he introducido la gracia al dinero. El sistema de este mundo lo he convertido en el sistema del reino de Dios. Este es el único tipo de “lavado de dinero” permitido por la Biblia y hasta por la ley humana.

            10 síntomas de la presencia de Mamón en la vida:

1.      Preocupación y ansiedad por el dinero

2.      Mala administración del dinero

3.      Necesidad financiera constante

4.      El miedo de no poder afrontar los gastos futuros

5.      Compras por impulso

6.      Tacañería

7.      Avaricia

8.      Descontento

9.      Esclavitud a las deudas

10.  Énfasis exagerado en el dinero

 

            Este espíritu de Mamón solo puede ser quebrado por el Espíritu de Dios. Tienes que ponerte conscientemente bajo la autoridad de Dios, renunciar al poder que Mamón logró tener sobre ti y dejar que el Espíritu Santo obre en tu vida. Te aliento fuertemente a que le pidas al Espíritu de Dios que revele las áreas de tu vida sobre las cuales el espíritu de Mamón tiene influencia sobre tu mente y corazón. El arrepentimiento es la manera de Dios de tratar con estas cosas. Y si nunca le invitaste a que Jesús te limpie de todo pecado y te salve de este y de todos los demás espíritus inmundos, entonces es ahora un buen momento de hacerlo. Ora en tu interior conmigo…


lunes, 3 de marzo de 2025

El espíritu de Mamón 1


 




            ¿Ustedes tienen el control sobre su dinero? Alguien pregunta ahora: ¿Cuál dinero…? ¿O sería más acertado decir que su dinero tiene el control sobre ustedes? Por favor, no se molesten por esa pregunta. Personalmente debo admitir que es mucho más fácil caer bajo el dominio del dinero de lo que quisiéramos aceptar. Hace años atrás ya había leído el libro “Bienes, riquezas y dinero: Principios bíblicos de Dios para las finanzas” de Craig Hill y Earl Pitts como parte de un curso de finanzas personales/familiares de la Fundación Principios de Vida. Ya había entendido el concepto de los autores acerca de ciertas cuestiones, incluso había predicado ya alguna vez acerca de esto. Pero cuando lo volví a leer hace un tiempo atrás, me tocó tan fuerte porque vi lo engañado que yo había vivido a pesar de muchas modificaciones que ya había introducido en mi manejo del dinero. Y hoy quiero compartir con ustedes algunos conceptos de este libro, esperando que sean de bendición para todos. Mi anhelo ferviente es que todos podamos vivir bajo la bendición de Dios en todas las áreas de la vida. Y la bendición de él está sobre el que obra según los principios divinos contenidos en la Biblia.

            Este material presenta la base espiritual/teológica de todo este tema de la administración financiera personal, que, si no tenemos en claro esto, todas las herramientas que podamos aprender no servirán de mucho porque estarían basadas sobre un fundamento equivocado. No es importante solamente saber qué pasos dar para administrar correctamente nuestros bienes, sino entender también el por qué; el principio que está detrás de estas herramientas. La motivación correcta debe salir del corazón y no ser un mero acto mecánico nada más. Cada área de nuestra vida, también el área económica, debe estar bajo la guía y la prescripción de Dios. Ya les dije el domingo pasado que el Nuevo Testamento habla casi 10 veces más de la administración del dinero que de la fe o de la salvación. O sea, Dios está sumamente interesado en que conozcamos su voluntad acerca del manejo de las finanzas y que orientemos nuestra vida según sus principios para que nuestras vidas y nuestras finanzas puedan estar bajo su bendición.

            ¿Cuál es entonces esa base espiritual/teológica que debe caracterizar nuestro manejo de dinero, según la voluntad de Dios? Nuestro texto del domingo pasado terminó con la declaración enfática de Jesús en el Sermón del Monte de que nadie puede servir a dos señores. Encontramos esta misma afirmación también en Lucas 16 como parte de la aplicación que Jesús da a una de sus parábolas que —precisamente— tratan acerca del dinero. Su enseñanza final acerca del tema de esta parábola encontramos en los versículos 10 al 14:

 

            FLc 16.10-14

 

            Este último versículo es precisamente el botón de muestra de lo que Jesús acaba de decir: los fariseos eran avaros. Otras versiones lo expresan aún más crudo: ellos eran amantes del dinero. Y con esto tiene que ver justamente el tema de esta prédica.

            En el versículo 13, Jesús dice enfáticamente lo que también había dicho en el último versículo del texto del domingo pasado: “Ningún siervo puede servir a dos señores …. Así que ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas” (RVC). ¡No pueden! No es que no deben; ¡no pueden! Es imposible. Esto ya nos debe alertar de que no estamos ante cualquier cosa. Jesús no nos da dos opciones para elegir, sugiriéndonos que la una es preferible sobre la otra. Él establece la imposibilidad de servir a ambos al mismo tiempo. ¿Por qué?

            Cuando Jesús se refiere aquí a las riquezas, como lo traducen muchas versiones, él está usando el término arameo “Mamón” que personifica a las riquezas. Por eso, muchos lo entienden como un nombre propio. Hay diferentes opiniones e interpretaciones acerca del significado de este nombre. Una de ellas, que yo también apoyo, es que se refiere a un espíritu de las riquezas; una entidad espiritual demoníaca que opera a través de las riquezas.

            Díganme, ¿el dinero tiene poder? ¿Por qué sí o por qué no? Los que dicen que el dinero tiene poder, imagínense estar frente a una persona de la que desean con urgencia obtener algún beneficio —sea que haga algo por ustedes o que les entregue algo o lo que fuese—. Y para lograr que les conceda ese beneficio, le ofrecen una cierta cantidad de dinero. Pero resulta que a esa persona no le atrae el dinero. ¿Obtendrían de él el beneficio que tanto desean? Si es que se lo da, será porque es buena gente o les quiere hacer algún favor, quizás porque los estima mucho o lo que fuese, pero no por el dinero. El dinero no logra nada en él porque no tiene poder sobre él. O sea, el dinero solo tiene el poder que yo le atribuyo. En otras palabras, el que es esclavo del dinero lo es porque quiere. Porque así lo ha decidido. Porque le ha vendido su alma al demonio que opera a través del dinero. El dinero en sí solo es papel, plástico o metal, nada más, como ya lo dijimos el domingo pasado. Es el gobierno que escribe un determinado número sobre ese papel y determina que de ahora en adelante vale tanto. El billete en sí no puede hacer nada. Entonces, si el dinero no tiene poder, ¿por qué entonces tiene tanto poder? Esto es ese espíritu Mamón que toma un billete y lo hace valioso, apetecible, codiciable en mis ojos. Y al caer en esta trampa, yo creo esa mentira de Mamón y llego a atribuirle al dinero un valor que no le corresponde; yo permito que ese billete ejerza una atracción sobre mí y domine mis emociones, causando en mí el deseo de tenerlo en mi haber. Por eso dice Pablo que “los que quieren enriquecerse [“los que viven con la ambición de hacerse ricos” – NTV; “los que sólo piensan en ser ricos” – TLA] caen en la tentación y se vuelven esclavos de sus muchos deseos” (1 Ti 6.9 – NVI). Los fariseos del texto que leímos recién son precisamente un ejemplo de eso. Ellos amaron el dinero; sus emociones cayeron presas del espíritu de las riquezas. Con esto, toda su vida era condicionada; todas sus decisiones, su voluntad y su enfoque estaban dirigidos hacia y por el dinero. Los cristianos que creen la mentira de que el dinero tiene poder, permiten que sus movimientos estén gobernados por el dinero, en lugar de ser gobernados por Dios. Toman sus decisiones según si hay dinero o no, y no según si es el plan de Dios o no. Ya que el espíritu de Mamón opera a través del miedo, las personas tienen temor a la falta de dinero; al dar sus ofrendas consultan con sus billeteras en lugar de consultar con el Señor; y se involucran en todo tipo de artimañas que prometen dar dinero. La verdad es que el dinero no tiene poder. Es simplemente un objeto impotente y amoral (o sea, que no es ni bueno ni malo) al cual el espíritu de Mamón atribuye gran poder y a través del cual intenta controlar la vida de las personas. Dice la frase: “La plata hace bailar al mono.” Más correcto sería decir: “Mamón hace bailar a los que se comportan como monos.”

            Como dije, hay diferentes opiniones e interpretaciones de la palabra Mamón, pero independientemente de qué interpretación le demos, Jesús dice que es imposible servir a Dios y al mismo tiempo a Mamón. En otras palabras, Dios y Mamón son algo diametralmente opuesto entre sí. Mamón es anti-Dios. Mamón compite con Dios buscando siervos. El servir a uno, categóricamente excluye el servir al otro. Entonces, uno solamente puede servir en forma exclusiva a Dios o a Mamón. En otras palabras: para poder servir verdaderamente a Dios, uno debe renunciar totalmente a Mamón y no tener nada que ver con él.

            Cualquier espíritu que opera en el reino de Satanás busca alejar de Dios los corazones de las personas. En el texto que leímos recién, Jesús identifica el conflicto de amor, lealtad y servicio entre Dios y Mamón. Él dijo que, si tú amas a uno de ellos, odiarás al otro. Si sirves a uno, no podrás servir al otro. Entonces, el propósito de Mamón es lograr que tú seas leal, lo ames y lo sirvas a él, para que por descarte tú desprecies y odies a Dios y le niegues tus servicios. ¿Odiar a Dios? ¿No es un poco exagerado? Jesús no deja lugar para zonas grises. O totalmente sí o totalmente no. No puedes estar en el medio. Jesús dijo: “Si alguno viene a mí, y no renuncia a su padre y a su madre, ni a su mujer y sus hijos, ni a sus hermanos y hermanas, y ni siquiera a su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lc 14.26 – RVC). No hay lugar para medias tintas. Este espíritu es algo muy serio que hay que tratar intensiva, consciente e intencionalmente. Mamón logra que le demos la espalda a Dios al seducirnos a dar un valor desproporcionado al dinero. Cuando la gente cree que el dinero tiene poder, es tentada a amar el dinero, como los fariseos. Este amor al dinero hace surgir muchas otras formas de maldad y tiene consecuencias desastrosas para nuestra vida espiritual.

            ¿Por qué llegamos a amar tanto al dinero? El espíritu de Mamón nos hace creer que nuestra vida depende del dinero. Es un asunto de vida o muerte, aparentemente. El asunto clave aquí es: ¿Quién es mi fuente de provisión? ¿De dónde me llega el sustento para mí y para mi familia? El espíritu de Mamón continuamente intentará convencernos de que el poder real para la vida está en el dinero, y que cualquiera que me dé dinero sea considerado la fuente de mi subsistencia. Si yo asumo que mi empleo, mi jefe, mi cónyuge, mis emprendimientos o mis inversiones son mi fuente de donde obtengo lo que necesito para vivir, sin darme cuenta me he convertido en un esclavo del espíritu de Mamón. Él hace que confundamos “canal” con “fuente”. Ante cualquier necesidad económica me voy a desesperar y voy a buscar qué otra fuente puede haber de donde obtener algo de dinero para no morirme de hambre. Y es en ese preciso momento que se cometen las peores decisiones financieras: préstamos de aquí para allá hasta que estemos hundidos hasta la coronilla en deudas; juegos de azar; lotería y una larga lista de estupideces más. Nos mueve la desesperación por la falta de dinero. Esto es lo que causa el espíritu de Mamón en nosotros. Pero la Biblia nos enseña que nuestra subsistencia no depende del empleo o de mi sueldo, sino de Dios. Esto no quiere decir que voy a renunciar a mi trabajo, tirarme en la hamaca y esperar a que Dios haga llover dinero en mi regazo. No funciona así. Si Dios estableció brindarme el sustento necesario a través de mi empleo, pero yo renuncio a mi empleo porque sí, yo mismo estoy cerrando la canilla de mi sustento. Entonces no es Dios quien falló, sino yo por no hacer lo que me corresponde. Sin embargo, mi sueldo no es la garantía de que voy a tener qué comer durante el mes. Mi emprendimiento no es lo que me mantiene con vida. ¿Por qué no? Si no obtengo mi provisión a través de mi trabajo, ¿de dónde lo obtengo entonces?

            Como dije, la Biblia establece a Dios como el sustentador, la fuente de mi bienestar y de todo lo que necesito en la vida. Cuando Dios es mi fuente, mi jefe, mi empleo o mi negocio se convierte meramente en un canal a través del cual me llega el dinero de la fuente que es Dios. ¿Ven la gran diferencia? Mamón me hace creer que el dinero es la fuente de mi bienestar; la Biblia dice que Dios lo es. Mamón me dice que mi vida depende del dinero; la Biblia me dice que mi vida depende de Dios. ¿A quién de los dos vas a creer? Si esto lo que nos enseña la Biblia llega a ser carne en nosotros, si se convierte en una convicción que marcará mi vida y mis decisiones de aquí en adelante, mi vida va a cambiar radicalmente. Mi confianza estará en Dios, él será el primero a quien consulto ante toda decisión financiera, y me voy a liberar de ese afán destructivo de acumular tesoros en la tierra, como vimos el domingo pasado. Y el dinero se convertirá en mi esclavo para ser usado al servicio del reino de Dios, según la voluntad de la fuente. Esto no significa que debo regalar a otros todo mi dinero, o responder con billetes a todo el que viene a contarme su gran necesidad. Tengo responsabilidad también para conmigo mismo y mi familia que también Dios quiere que yo atienda. Dios me hace llegar dinero para que con ello yo cumpla el propósito por el cual me lo ha hecho llegar a través de un canal de su elección. Y si el dinero es mi esclavo, un esclavo rinde cuentas a su amo. Nosotros le damos indicaciones a cada billete en cuanto a dónde tiene que ir o qué funciones debe cumplir, y sabemos dónde se encuentra nuestro esclavo en todo momento. El dinero es nuestra herramienta de servicio a Dios; nosotros lo tenemos en la mano y lo direccionamos según la voluntad de Dios, y sabemos exactamente cuánto está a nuestro alcance y dónde está esa nuestra herramienta. Por eso es tan necesario tener un presupuesto en el cual determinamos cuántos de nuestros esclavos irán para tal o cual destino.

            Esa conciencia de que Dios es mi fuente de subsistencia me va hacer también responsable en el manejo del dinero que él confía en mis manos. Entendemos que Dios nos entrega cierta cantidad de dinero como una herramienta para que con ella cumplamos su voluntad y, por lo tanto, lo manejaremos según las indicaciones de él, porque él es el dueño, él es la fuente, y el dinero que me llega a mí tiene un propósito definido. No puedo entonces hacer con el dinero lo que me plazca y despilfarrarlo. Y entre paréntesis: a veces, hasta una excesiva ayuda social puede ser un despilfarro si no obedece a claras indicaciones del Señor sino es por mero impulso emocional mío. Yo debo cumplir las instrucciones del Señor. Esa actitud de responsabilidad ante el Señor no depende en absoluto de cuánto dinero él ha puesto en mis manos. Jesús dice en este texto que “el que ha sido digno de confianza en cosas sin importancia, será digno de confianza también en las importantes; y el que no ha sido honrado en las cosas mínimas, tampoco será honrado en las cosas importantes” (v. 10 – BLA). Vemos entonces que la honradez, la confiabilidad, el manejo responsable es una actitud, un estilo de vida, una convicción, totalmente separado del monto de dinero uno tenga disponible. Pablo escribe a los filipenses: “Yo sé cómo vivir en pobreza o en abundancia. Conozco el secreto de estar feliz en todos los momentos y circunstancias: pasando hambre o estando satisfecho; teniendo mucho o teniendo poco” (Flp 4.12 – PDT). ¿Podríamos decirlo nosotros también con tanta seguridad? Esa es la actitud de alguien que depende totalmente de Dios y maneja con responsabilidad lo que Dios le ha confiado en sus manos, sin importar cuánto esto sea.

            Pero hay que decir que Dios siempre primero nos prueba. En la parábola de los talentos, el hombre entregó cierto monto de dinero a sus siervos, según la capacidad que cada uno tenía para manejarlo. A su regreso, él pidió cuentas a los siervos de lo que cada uno había hecho, y los que lo habían manejado fielmente, con responsabilidad, el señor los alabó: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré…” (Mt 25.23 – RV60). Primero los puso a prueba con relativamente poco dinero, y a los que respondían bien, les entregó mucho más. Pero al que no lo manejó con responsabilidad, le fue quitado lo que había recibido. Así que, si Dios no te confía mucho dinero en tus manos puede ser por dos razones diferentes: o porque sus planes sean que le sirvas con solo eso. Él quiere mostrar su poder en tu debilidad económica. Él te dice: “Esto es suficiente. Es todo lo que yo necesito que manejes en mi nombre.” El señor de la parábola entregó diferentes cantidades de dinero según la capacidad de cada siervo. Lo que él quería ver era la fidelidad del siervo en manejar lo que tenga, no la cantidad que haya producido. Entonces, puede que el Señor haya confiado poco en tus manos porque ese es su plan para ti. O, como segunda razón posible, puede ser que Dios te da poco cada mes porque no aprendiste todavía a ser responsable en el manejo de ese poco. Hasta que no aprendas esta lección, no puedes pasar a la siguiente. Dios dirá: “Si este derrocha lo que le doy, ¿por qué le debería dar una mayor cantidad de dinero para derrochar?” Porque, el que no es responsable con poco, tampoco lo será con mucho. Inclusive, el manejo irresponsable de dinero, que Jesús llama aquí “las falsas riquezas de este mundo”, puede hasta ser un impedimento para recibir mayor responsabilidad en el reino de Dios. Jesús dice: “…si con las falsas riquezas de este mundo ustedes no se portan honradamente, ¿quién les confiará las verdaderas riquezas” (v. 11 – DHH)? Cuál de estas dos razones de tener poco dinero sea la que se aplica a tu caso, solo tú lo puedes averiguar en la presencia del Señor.

            Si Dios es en verdad mi fuente, si entonces me dan la noticia de que perdí el trabajo o hay problemas de economía, yo no estaré aterrorizado por temor a la falta de provisión, ya que mi fuente (Dios) sigue siendo la misma. Simplemente él está cambiando el canal de mi provisión.

            Mi hermana y mi cuñado trabajaron por muchos años en el departamento alemán de la Fundación Principios de Vida como instructores de los seminarios y cursos de la institución, entre ellos también varios cursos de finanzas. Cuántas veces habían enseñado la necesidad de depender totalmente de Dios como proveedor. Hace poco más de dos años atrás terminó su servicio en esa área. Con sus pocos ahorros y la ayuda de amigos y conocidos se construyeron una pequeña casita en el Chaco y se mudaron allá. Hasta ahora no tienen empleo, pero sí tienen mucho trabajo: muchísima gente empezó a acudir a ellos solicitando consejería. Y les fue posible atenderlos, precisamente por no tener un empleo donde marcar hora. Pero tampoco no tenían ingreso o sueldo. Dijeron que tenían que rendir examen ahora ellos mismos de lo que habían enseñado durante tantos años, y que el examen no era fácil. Pero llegaron a decirle al Señor: “Si tú nos quieres usar en esa área, entonces encargate de nuestro sustento.” Hacían justo lo que dice el versículo que viene en el texto siguiente en el Sermón del Monte: encargarse de las cosas de Dios, experimentando que Dios se encarga de las cosas de ellos, como lo describe el famoso versículo de Mateo 6.33.

            Entonces, hay un espíritu demoníaco que opera detrás del dinero, queriendo hacerlo exageradamente apetecible para nosotros para así poder controlar nuestras emociones y nuestras decisiones. Pero la verdad es que el único que debe controlar nuestras emociones y decisiones es Dios, quien es la fuente y el dador de todo lo que necesitamos para la vida y para cumplir su plan para nosotros. Sin embargo, en la práctica cotidiana, la influencia de Mamón es demasiado sutil. ¿Cómo poder identificar sus estrategias que luchan por obtener el control sobre nuestras vidas? El próximo domingo vamos a ver 10 síntomas de la influencia de Mamón en nuestras vidas. Son formas por medio de las cuales el enemigo busca tener acceso a nuestras emociones a través del amor al dinero. Va a ser un tema sumamente práctico que tiene que ver con lo que vivimos todos los días.

            Mientras tanto, ponete totalmente bajo la autoridad de Cristo. Muy bien se aplica también al área de las finanzas Santiago 4.7: “…sométanse a Dios. Resistan al diablo y él huirá de ustedes” (NVI). Búscalo a Dios, a su voluntad; cumple lo que él te indique respecto al manejo de los bienes materiales, y el demonio Mamón tendrá que huir de tu vida. Si no me crees, pruébalo tú mismo.

 


Tesoros


 





            Díganme una cosa: este billete, ¿es de este mundo o es del reino de Dios? Es del sistema comercial que rige en el mundo. Siendo del sistema de este mundo, ¿será pecado siquiera tocar el dinero? No, en absoluto. Estamos en este mundo y nos tenemos que mover según ciertas normas que rigen la vida en este mundo. Pero tenemos una identidad espiritual celestial, y esa identidad y las normas que rigen para ella, deben determinar nuestra actitud en cuanto al dinero o cualquier otro sistema que rige en el mundo. Entonces, entre las normas para la vida espiritual, ¿habrá alguna indicación en cuanto a nuestra actitud hacia el dinero? ¿Será que a Dios le interesa que sepamos algo acerca del dinero? ¿Será que la Biblia tiene algo que decir al respecto? Con absoluta certeza: ¡Sí! Como un botón de muestra: este billete es papel y no tiene ningún valor en sí mismo. El valor que el gobierno decide que debe representar tal o cual billete está avalado por las reservas en oro que tiene guardado el gobierno en los bancos mundiales. Sería imposible que toda la población maneje el oro como tal para las transacciones comerciales. Para comprar un pan o un litro de leche sería apenas una pizquita de polvillo de oro lo que se necesitaría para pagar esa cuenta, y ese polvillo se perdería con el primer soplo del viento. Entonces, los gobiernos de los países prefieren guardar el oro en un lugar más o menos seguro y sacar a circulación documentos que representan el valor de todo el oro acumulado. Y esos documentos los llamamos “dinero”. Pero, ¿de quién es el oro en el tesoro central de la nación? Cada gobierno diría que la nación es la dueña. Pero más allá de eso, el profeta Hageo declara: “‘Mía es la plata y mío es el oro’, afirma el Señor de los Ejércitos” (Hag 2.8 – NVI). Entonces, Dios es dueño de todo lo que este billete representa. ¿Y no parece lógico que él quiera determinar qué debe suceder con este documento que representa su propiedad en oro?

            El lunes último empecé a compartir diariamente unas devocionales acerca del dinero que saco de la aplicación de la Biblia YouVersion. En la introducción decía: “En la Biblia, 2350 versículos hablan sobre el dinero, y 16 de las 38 parábolas enseñan temas relacionados con las finanzas, porque Dios no quiere que seamos esclavos del dinero, sino que seamos buenos y fieles mayordomos de lo que el Señor ha confiado a cada uno de nosotros.” Y precisamente en el Sermón del Monte llegamos a algunas enseñanzas de Jesús respecto a este tema. Él quiere mostrarnos cuál es la actitud que un hijo de Dios debe tener respecto al dinero que rige en este mundo. La prédica de hoy y las siguientes 3 estarán enfocadas a este tema.

            Veamos la primera de estas actitudes que debemos tener hacia los bienes materiales. La encontramos en Mateo 6.19-24.

 

            F Mt 6.19-24

 

            La primera actitud respecto a los bienes materiales que nos recomienda este texto es la de no tratar afanosamente de acumularlas. No se refiere a planificar sus ganancias y sus gastos con el fin de poder ir ahorrando cada vez un poquito más. Todo lo contrario. La Biblia más bien nos exhorta a calcular bien nuestros gastos. Esto es lo que hoy llamamos “tener un presupuesto”. Un presupuesto no es otra cosa que un plan de cómo gastar determinado monto de dinero que probablemente tendremos a disposición cada mes. Antes de que nos llegue el dinero, ya está fijado cuánto de ese dinero va a ir para qué fin. Así se evita el gasto compulsivo y excesivo que ya en la primera quincena se pregunta dónde se quedó el dinero del último sueldo. No es a esto que Jesús se refiere aquí. Cuando él habla de no acumular tesoros se refiere a esa práctica compulsiva, egoísta, avara y enfermiza de juntar para sí todo lo que pueda encontrar. Es la actitud de depender totalmente de los bienes materiales; de depositar completamente su confianza en ella; de pensar solo en sí mismo y cerrar su corazón a las necesidades de los demás. El ejemplo por excelencia de esto es el hombre rico de la parábola que estudiamos el martes pasado aquí en nuestro encuentro semanal. De él, la Biblia dice: “Había un hombre rico que se vestía con gran esplendor en púrpura y lino de la más alta calidad y vivía rodeado de lujos” (Lc 16.19 – NTV). Eso en sí no es ningún pecado, pero se nota la actitud de su corazón al leer los siguientes versículos y darnos cuenta que jamás le dio ni un bocado a un mendigo enfermo que estaba a la puerta no más de su casa, sino lo dejó morir como un perro. Esta es la actitud que condena la Biblia. Y esta actitud no tiene nada que ver con la cantidad de dinero o de bienes materiales que poseemos, sino con el enfoque de nuestra vida. Uno puede miles de millones o puede no tener ni un guaraní en el bolsillo y solo estar pensando en juntar más y más y más. Jesús nos advierte de estar concentrados única y exclusivamente en las cosas de esta vida y correr tras ellas como si no existiera nada más.

            ¿Cuál es la razón de esta advertencia? En primer lugar, porque los bienes materiales son exclusivamente de este mundo, como lo dijimos al inicio; de la vida sobre esta tierra. Los bienes no son eternos. Por lo tanto, es muy necio, teniendo nosotros un alma eterna, fijarnos solo en las cosas de este mundo.

            La segunda razón, relacionada a la primera, es la fugacidad de estos bienes – por un lado, por la descomposición a la que todo material es sometido. Este texto menciona la polilla y el óxido. Cuántas veces les habrá pasado tener algo bien guardado, para luego descubrir que algún bicho, la humedad, el óxido o cualquier agente indeseado han hecho estrago de lo que con tanto esmero se había guardado. O viene una inundación como la que vivimos en abril en Costa Azul cuando el agua arrasa con una parte y destruye la otra. Y ni hablar de un incendio. Todos sus tesoros terrenales pueden desaparecer en un abrir y cerrar de ojos.

            Pero también puede suceder que lo que tanto atesorábamos cae de repente en manos de personas inescrupulosas que te arrebatan tus bienes en tus narices. Con la inseguridad reinante en estos tiempos en todo el mundo, eso puede pasar en un pestañeo. Y la corrupción hace lo suyo para robarnos de forma más elegante, hasta con pinta de legalidad. Jesús habla aquí de los ladrones que “perforan las paredes y … roban” (v. 19 – BLPH). En tiempos de Jesús, las paredes de las casas consistían frecuentemente de palos y barro, y fácilmente se podría hacer un hueco en las paredes para entrar y robar todo lo que se encontraba. Entonces, si una persona ha basada toda su vida, su esperanza y su sentimiento de seguridad y valor sobre bienes pasajeros, su mundo —y su vida— se derrumba en un instante al notar que la base de su vida se desvaneció como la neblina de la mañana. Entonces, los bienes materiales constituyen un fundamente sumamente tambaleante y peligroso como para basar toda su vida sobre ellas. Es un acto de suicidio voluntario hacerlo, pero, ¡cuántos están dispuestos a correr ese riesgo con tal de tener un poco más! Esto no es característico de una vida sujeta al Espíritu Santo, y Jesús advierte contra este estilo de vida destructivo.

            En contraparte, donde Jesús sí nos recomienda acumular tesoros es en el cielo. Es la única caja fuerte absolutamente imposible de violentar. Lo que enviamos allá está seguro para toda la eternidad. No hay óxido ni kupi’í ni inundación ni ladrones que lo alcancen. Pero, ¿cuáles son estos tesoros que podemos transferir al cielo? ¿Cuál es el número de cuenta del banco celestial al cual transferir nuestros bienes? Frecuentemente se escucha una respuesta muy rápida y espiritualizada: “es ganar almas”. Bueno, ¿qué significa “ganar almas”? ¿No deberíamos ganar a personas en vez de solo almas? ¿Y qué significa “ganar personas”? La vez pasada dijimos que la orden directa y explícita de la Gran Comisión es hacer discípulos. Para eso, necesariamente hay que evangelizarlos. El evangelismo es un paso muy importante y básico en este proceso de hacer discípulos. Pero no es el único. Incluye también el discipulado, incluye el testimonio de vida que muestra a los demás cómo se vive los principios de la Palabra de Dios, es enseñar la Palabra de Dios, es exhortar, etc. Cuando Jesús enseñó cómo había que proceder con los problemas interpersonales en la iglesia, él dijo: “Si tu hermano te hace algo malo, habla con él a solas y hazle reconocer su falta. Si te hace caso, ya has ganado a tu hermano” (Mt 18.15 – DHH). O sea, al reprender a un hijo de Dios que se comporta mal, estás “ganando almas”, si te escucha. Así que, todo lo que hacemos en la iglesia y como hijos de Dios es parte del proceso de hacer discípulos. Por lo tanto, todo lo que puedas invertir en el reino de Dios es acumular tesoros en el cielo. Puedes invertir dinero en múltiples formas y lugares; puedes invertir tus dones para edificar a otros, para animarlos o para llevarlos a un encuentro con Cristo. Puedes invertir tu tiempo para visitar a un hermano, para animar a los deprimidos, para hablarle de Jesús a alguien, etc. Todo lo que hagas con el deseo de bendecir a otros y de ser un ejemplo y testimonio como hijo de Dios está haciendo transferencias continuas a tu cuenta celestial. Y algún día, cuando llegues allá, recibirás tu recompensa.

            ¿Por qué este énfasis de Jesús en acumular tesoros en el cielo? En el siguiente versículo él da la respuesta: “…donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón” (v. 21 – RVA2015). Nuestro corazón sigue a lo que es un tesoro para nosotros. Pregúntenle a dos recién enamorados quién es su tesoro y dónde está su corazón. 24/7 no consiguen pensar en otra cosa que en su tesorito. Del mismo modo, si nos concentramos en las cosas de Dios y cómo poder invertir en su reino, eso será lo más valioso para nosotros, y ahí estará nuestro corazón. ¿Está Dios interesado en nuestro dinero? No, en absoluto, porque es algo meramente de este mundo, como dijimos. Además, sí o sí él es el dueño de todo. Más bien, él está interesado en nuestro corazón. Y si él logra captar nuestro tesoro para sus propósitos de expandir su reino en este mundo, habrá captado también nuestro corazón. Si el dinero es para nosotros un fin en sí mismo, nuestro corazón estará enfocado netamente en este mundo y en las riquezas. Pero si nuestro tesoro está en el cielo, ahí estará nuestro corazón, y el dinero se convertirá en un siervo más entre otros para extender el reino de Dios.

            Para que puedas hacer un análisis de cuál es realmente tu tesoro, puedes invertir no más este versículo: Donde esté tu corazón, ése es tu tesoro. ¿Qué ocupa tu mente la mayor parte del tiempo? ¿En qué estás concentrado? ¿A qué va dirigida la mayor cantidad de tu esfuerzo, tiempo y recursos? Las respuestas a estas preguntas te pueden dar una idea bastante clara acerca de dónde está tu tesoro y, por ende, dónde está tu corazón.

            O si querés aplicarle otra prueba diferente, puedes usar la del versículo 22, el ojo. ¿A dónde está dirigido tu ojo? O, para expresarlo más ilustrativamente, ¿qué es lo que hace brillar tus ojos? Algunos, al ver dinero, por poco que no se puede ver estrellitas brillando en sus ojos. En otros, se ve ese mismo brillo cuando una persona se entrega a Cristo o cuando comenta una experiencia transformadora con el Señor. Si tienes un ojo bueno, una visión clara, sin que esté nublada por el rencor, la ira, la avaricia o la envidia, andarás en plena luz. Pero si dejas que estas y otras cosas nublen tu mirada, ¡cuán negra será la oscuridad en tu interior! “Si la única luz que tienes es la oscuridad, ¡qué horrible oscuridad tendrás” (v 23 – PDT)! Otra versión dice: “..si la luz que hay en ti ha llegado a ser obscuridad, ¡cómo será de tenebrosa tu parte más obscura” (BLA)!

            Hay algunos intérpretes que entienden la mención del ojo aquí como una referencia a la actitud con la que uno mira a los demás. Así también lo hacen algunas versiones de la Biblia. Una de ellas traduce: “…si tú tienes un … buen ojo, esto es, si eres generoso, todo tu cuerpo estará lleno de luz” (v. 22 – Kadosh). Otra dice: “Si eres desprendido…” (NBE). Y una versión en inglés dice: “Si tú miras a la gente y deseas ayudarla, estarás lleno de luz” (ERV – traducción libre). Considerando el contexto de este versículo, bien puede ser esta una interpretación aceptable. También una nota explicativa en la Biblia “Dios Habla Hoy” dice: “El ojo malo se usaba como imagen de la envidia o la avaricia (Dt 15.9; Pr 23.6; Pr 28.22; Mt 20.15; Mc 7.22). El ojo bueno, por tanto, puede representar aquí a la persona generosa…”

            ¿Dónde está tu tesoro? Jesús presenta en este texto dos opciones: tesoros en la tierra y tesoros en el cielo. Si nos parecieran ser dos opciones, de las cuales una sería preferible a la otra, pero igualmente se podría optar por la otra, entonces en el último versículo él deja muy en claro la oposición radical que existe entre ambos tesoros: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y querrá al otro, o será fiel a uno y despreciará al otro. No se puede servir a Dios y a las riquezas” (v. 24 – DHH). Los tesoros del mundo y los tesoros en el cielo son tan opuestos entre sí como el amor y el odio, como Dios y Satanás. No se puede servir a ambos al mismo tiempo. En las próximas dos prédicas vamos a ver de manera muy práctica qué significa esto.

            ¿Dónde está tu tesoro? ¿Qué puedes hacer de manera práctica para invertir más en el reino de Dios y transferir tesoros a tu cuenta en el banco celestial? Busca dos o tres cosas concretas que decides hacer, y comprométete con el Señor de cumplirlas fielmente, con la ayuda de él.